26 junio 2006

Y por fin, el tiempo hizo justicia

Diecinueve años después la afición granadinista volvió a disfrutar de una alegría. Ya era hora.
Y es que ni los pésimos arbitrajes en los partidos de ida de sendas eliminatorias han evitado que el Granada salga del pozo de la 3ª División. Aquí no acaba el camino, ni mucho menos, si la 3ª es un pozo, la 2ªB no lo es menos. Pero este equipo, esta afición, esta ciudad y sobre todo este Club, están preparados para volver a la élite del fútbol nacional.
Ayer se dió el primer paso. Mañana se dará el siguiente.
El partido se presentaba tenso. La afición respondió como no podía ser de otra manera llenando el estadio. Antes, los internautas habían cumplido a rajatabla con su cometido, metiendo el miedo en el cuerpo tanto a la afición como al propio equipo alcarreño. El partido entre aficiones estaba ganado por goleada.
El Guadalajara llegaba al Nuevo Los Cármenes a eso de la seis y media, siete menos cuarto, y allí estaba la afición esperando para abuchear. Tan torpe fué la expedición castellana que en lugar de seguir su rumbo hacia el interior del Estadio se paró, como si al propio autobús le temblaran las piernas tanto como a sus ocupantes, provocando, como no podía ser de otra forma, que a algunos se les inflara el pecho mas de la cuenta y en lugar de abuchear se dedicaran a otras labores menos pacíficas. En cualquier caso, no tan salvajes como para el despliegue policial que se montó. Cinco furgones de la policía nacional y sendos grupos de antidisturbios de esos que se ponen el casco y se creen Madelman, lanzando porrazos a diestro y siniestro, uno de ellos, por cierto y según me contaron, que yo no lo ví, alcanzó el costado de un chaval de ocho años. ¿Quién hizo el vándalo?.
No sería la cosa tan grave cuando dentro del estadio no se produjo ningún altercado.
En cuanto al partido contaré poco, porque poco hay que contar. Monólogo granadinista atacando y atacando. Joyce resolutivo atrás; Nene quebrando a unos y otros, a veces mas de la cuenta; Gustavo, espectador a pie de campo; Sorroche, luchador; Iñaki, colgó el balón que supondría el empate de la eliminatoria; Ramón, dos golazos inapelabes; Francis, lo tuvo sobre la línea; Labella, un gol de libro; el conjunto, garra y fuerza por los cuatro costados. Dominio absoluto del balón y del tempo del partido.
En cuanto al Guadalajara, pronto se desinflaron. El terreno de juego se les hizo inmenso y la presión del público insoportable. El noventa por ciento del partido se desarrolló en su campo. El diez por ciento restante fueron interrupciones. Ni siquiera eso supieron hacer. La Balona, en la primera eliminatoria jugó sus cartas. Todos se tiraron al suelo y frenaron el ritmo del encuentro en innumerables ocasiones. El Guadalajara no supo hacer ni eso. Lo intentó, pero con otros métodos. Cortando el juego a patadas. Y así les lució el pelo. Ocho tarjetas amarillas, dos de ellas repetidas que mandaron a Piñas y Ximo a la caseta ya en la segunda parte de la prórroga. El primero, por cierto, se daba palmaditas en la cara mirando a la afición mientras se retiraba a la caseta. Hay que tenerla dura para intentar negar la evidencia. No logró provocar lo suficiente. Lo siento Piñas -qué bien te pega el nombre-, hasta para provocar hay que saber.
Por su parte el tal Marín, salió ya en las postrimerías del partido y no tocó bola, ni con la mano ni con el pié, salvo en un lanzamiento de falta. Con la mano la colocó sobre el cesped y con el pié la mandó a tomar por saco.
En cualquier caso uno que si que se llevó algo en claro para la Alcarria fué Yoyo Ocaña: por un lado se llevó una lección de pizarra y por otro aprendió lo que es realmente un golazo. Como no es muy listo hubo que repetirle la lección tres veces.
Y eso fue todo en el campo.
En las gradas fue otra historia. Cánticos y mas cánticos. El famoso 'a por ellos oé' cantado al unísono por miles de gargantas, los bombos a toda máquina, las banderas ondeando, la marea rojiblanca se atrevió incluso con la ola.
¡Que bote Granada, que bote Granada!. El Alcalde debió interpretarlo mal, cuando se asomó al palco saludando.
Al final invasión del campo, abrazos, lágrimas, Paco Sanz haciendo reverencias a sus jugadores y cuatro imbéciles, como bien se les definió por megafonía, subidos encima de las porterías.
Un bando a celebrarlo a la Fuente de las Batallas. Otro de vuelta a casa con las orejas gachas y la lección aprendida.
Hoy comienza la fiesta. Esperemos que no termine nunca.

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